martes, 31 de marzo de 2009

JUAN SALVADOR GAVIOTA


"...Amanecía, y el nuevo Sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo.
Chapoteaba un pesquero a un kilómetro de la costa cuando, de pronto, rasgó el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomeró para regatear y luchar por cada pizca de comida. Comenzaba otro día de ajetreos. Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, está practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, bajó sus pies palmeados, alzó su pico, y se esforzó por mantener en sus alas esa dolorosa y difícil posición requerida para lograr un vuelo pausado. Aminoró su velocidad hasta que el viento no fue más que un susurro en su cara, hasta que el océano pareció detenerse allá abajo. Entornó los ojos en feroz concentración, contuvo el aliento, forzó aquella torsión un... sólo... centímetro... más... Se encresparon sus plumas, se atascó y cayó. Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas vergüenza, y es deshonor. Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión -parando, parando, y atascándose de nuevo-, no era un pájaro cualquiera. La mayoría de las gaviotas no se molesta en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar. Este modo de pensar, descubrió, no es la manera con que uno se hace popular entre los demás pájaros. Hasta sus padres se desilusionaron al ver a Juan pasarse días enteros, solo, haciendo cientos de planeos a baja altura, experimentando. No comprendía por qué, por ejemplo, cuando volaba sobre el agua a alturas inferiores a la mitad de la envergadura de sus alas, podía quedarse en el aire más tiempo, con menos esfuerzo; y sus planeos no terminaban con el normal chapuzón al tocar sus patas en el mar, sino que dejaba tras de sí una estela plana y larga al rozar la superficie con sus patas ple­gadas en aerodinámico gesto contra su cuerpo. Pero fue al empezar sus aterrizajes de patas recogidas -que luego revisaba paso a paso sobre la playa- que sus padres se desanimaron aún más.
-¿Por qué, Juan, por qué? -preguntaba su madre-. ¿Por qué te resulta tan difícil ser como el resto de la Bandada, Juan? ¿Por qué no dejas los vuelos rasantes a los pelícanos y a los albatros? ¿Por qué no comes? ¡Hijo, ya no eres más que hueso y plumas!
-No me importa ser hueso y plumas, mamá. Sólo pretendo saber qué puedo hacer en el aire y qué no. Nada más. Sólo deseo saberlo....

viernes, 27 de marzo de 2009

NUEVAS EDICIONES




Diccionario Mapudungun Rapa - nui Aymara

Diccionario Mapudungun
Rapa - nui Aymara

Año de publicación marzo 2009

Total páginas 244

Portada editorial
Fotos U de Concepción




BIBLIOGRAFÍA

ALONSO RETAMAL, Pedro: Epu mari quiñe Ulcatún. Editorial Sn. Francisco de Padre de las Casas, stgo. 1970.
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AUGUSTA, Fr. Félix José de : Diccionario Araucano- Español. Imprenta Universitaria, T. 2. Stgo. 1918.
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WILHEM DE MOESBACH, Ernesto: Voz de Arauco, explicación de los nombres indígenas, Imprenta San Fco. P. de las Casas, Stgo. 1era. Edición, 1959.
ZAPATER, Horacio: Los aborígenes chilenos a través de cronistas y viajeros. Edit. A. Bello, Stgo., 2da. edición 1978.
REVISTAS:Cultura de y desde Chiloé. Ulloa Gilberto. N° 7, 1987, Castro.
LICEO Holanda de Calbuco. Nahuelhuaique Víctor. N° 2, 1980, Calbuco.

(N del E). Es importante mencionar que los mapuches aun no han adoptado un alfabeto unificado o estandarizado su idioma, de tal forma que los trabajos de investigación sobre la escritura y gramática mapuche estan hechas en base a diversos alfabetos. En esta ocasión se utilizó el alfabeto y gramática del P. Félix José de Augusta.